Blog – Full Width

per

En defensa de la descentralización en tiempos de pandemia

Durante la etapa de confinamiento, sobretodo durante los debates correspondientes a las sucesivas prórrogas del estado de alarma, se oyeron numerosas voces (o se leyeron opiniones) criticando la centralización de la toma de decisiones, en especial las referidas a la salud pública. Se exageró la crítica hasta extremos absurdos, llegando a acuñar expresiones tan contradictorias en sus propios términos como el de “dictadura constitucional”. Se venía a decir que el Gobierno “aprovechaba” la situación de emergencia sanitaria provocada por la pandemia para arrogarse competencias que correspondían a las Comunidades Autónomas, insinuando que estas gestionarían mejor la coyuntura. Estas críticas podrían ser aceptables desde el prisma de defender mayor autogobierno y al mismo tiempo coordinación en las políticas, frente a tendencias centralizadoras, pero no iban por ahí los tiros, al menos en buena parte, desde la oposición se utilizaba esta crítica cómo parte de una estrategia de desgaste del gobierno, llegando a poner en duda la legitimidad del mismo a la hora de marcar directrices sobre las competencias que de ordinario corresponden a las Comunidades Autónomas.

Sorprendentemente, meses después, cuando los gobiernos autonómicos gestionan las políticas frente a la expansión del coronavirus y aquellas para paliar los efectos sociales y económicos de la pandemia, las voces que se oyen (las mismas en algunos casos) reclaman ahora el “mando único”, que significaría volver a la centralización de la toma de decisiones.

En esta nueva etapa se puede caer en la tentación de pensar que ha fracasado el modelo territorial de que nos hemos dotado, el estado de las autonomías, especialmente por parte de sectores muy ideologizados, siempre predispuestos a debilitar la confianza en nuestra democracia descentralizada, abogando por un “regreso” a un modelo centralizado que suponen mejor, sin ninguna base real.

¿Falla, realmente, el modelo territorial autonómico? Cabe echar un vistazo a lo sucedido en otros modelos de gestión netamente federal para comprobar que la gestión descentralizada no sólo funciona sino que incluso obtiene mejores resultados. Sin duda el mejor modelo a analizar es el de la República Federal de Alemania, un país con una tradición democrática que rehuye de las declaraciones de estado de emergencia, una prevención surgida en la posguerra mundial, aún recordando el peligro de los poderes excepcionales atribuidos al ejecutivo, poniendo en todo caso dos importantes contrapesos a esos poderes en base a la supremacía del Parlamento y a la propia estructura federal de la República. Aún así los estados de excepción internos de la República Federal de Alemania son limitados, y en el caso de la pandemia provocada por el coronavirus han sido los “Länder” (el equivalente de nuestras Comunidades Autónomas, salvando las distancias) quienes han tomado la mayoría de medidas de emergencia, en base a la legislación ordinaria y a sus competencias. El Gobierno federal, en general, se ha limitado a impulsar las medidas de carácter económico y a ejercer un papel coordinador, el último ejemplo lo tenemos a finales de agosto cuando los Länder han acordado con el gobierno federal sanciones para quienes incumplan la obligación de llevar mascarilla, exceptuando Sajonia-Anhalt, un caso que nos muestra como funciona el federalismo alemán. En general se ha considerado que la gestión hecha por Alemania de la pandemia ha sido más eficiente que en otros estados de nuestro entorno.

Otro modelo federal, referencia histórica para cualquier análisis de esta fórmula territorial, es el norteamericano, en este caso los analistas coinciden en que el Gobierno federal, con el Presidente como líder del poder ejecutivo, podría haber centralizado la gestión, como se hizo en su momento con el 11-S, en cambio la Administración Trump parece haber preferido generar conflicto entre los diferentes actores políticos, con respuestas muy diferentes de un territorio a otro, incluso con contestación social, renunciando incluso al papel de coordinador de políticas y medidas entre los Estados. En este caso veríamos como los intereses políticos, o partidistas, las presiones de determinados grupos, han hecho que en Estados Unidos la gestión de la pandemia haya variado enormemente de un Estado a otro, siempre teniendo en cuenta que han adolecido de un instrumento fundamental para hacer frente a una emergencia sanitaria como es la práctica inexistencia de un servicio de sanidad pública.

De los dos ejemplos mencionados, y teniendo en cuenta su representatividad, cabría deducir que lo que falla no es el modelo territorial existente sino la aplicación que se hace de él. El modelo en si tiene virtudes, y en este caso son importantes: la microgestión, la gestión cercana a la ciudadanía, favorece que cada territorio pueda abordar la situación con medidas adecuadas a su casuística.

¿Falla, realmente, el modelo territorial autonómico? Cabe echar un vistazo a lo sucedido en otros modelos de gestión netamente federal para comprobar que la gestión descentralizada no sólo funciona sino que incluso obtiene mejores resultados.

No falla el modelo, pues, pero puede fallar la gestión que se haga de él y pueden fallar los gestores, sin querer entrar en la competencia o incompetencia de éstos, hemos visto como cada Comunidad Autónoma ha hecho frente a la emergencia sanitaria en base a distintos condicionantes como pueden ser los medios y la preparación de los servicios públicos, la propia geografía, las relaciones con otros territorios, la economía… y, por supuesto, el color político o la ideología de los responsables de la gestión, que por supuesto influye en las decisiones que se toman.

Pueden fallar los mecanismos de coordinación entre territorios y entre el Gobierno del estado y los territorios, o tal vez lo que falla es la falta de hábito de coordinar políticas. También fallan los medios, la financiación de las diferentes Comunidades Autónomas, un elemento que el Gobierno del estado, actuando como un gobierno federal, debe corregir para garantizar la igualdad en las medidas adoptadas en cada territorio. No es el Gobierno quien tiene que decidir en un momento dado si opta por unificar la toma de decisiones o dejar mayor margen a las Comunidades Autónomas, debería ser el propio modelo de gestión territorial el que tendría que estar pensado y habituado a responder con políticas coordinadas, aceptando la colaboración del gobierno central y su liderazgo a la hora de pactar políticas similares en todo el territorio del estado, con el objetivo de garantizar la igualdad de respuesta en todas las Comunidades Autónomas, lo que también significa facilitar que los medios con que cuenten las administraciones autómicas sean suficientes y, en todo caso, optar por poner a su disposición los que hagan falta. Creo que de esto último se trata cuando se ponen rastreadores del Ejército a disposición de las Comunidades Autónomas, o cuando se habilita un fondo especial para financiar la respuesta a la crisis. Posiblemente en vez de medidas excepcionales, en vez de que fuera excepcional que se reunieran con regularidad los presidentes de las Comunidades Autónomas con el presidente del Gobierno, los ministros con sus consejeros equivalentes, etc… debería ser el hábito, la fórmula, ese federalismo cooperativo que a veces tomamos como referencia (en su versión de autonomismo cooperativo) tanto en el campo de las relaciones intergubernamentales como en el de los medios, entre ellos la financiación autonómica, aunque éste ya es otro debate.

Tenemos un correcto sistema de distribución competencias entre territorios adaptado a la realidad de nuestro país y construido en base a la negociación política durante prácticamente cuarenta años y, además, durante esta crisis se ha demostrado que se pueden activar los mecanismos de coordinación sin necesidad de recurrir a una recentralización que no hará más que alejar la gestión de la ciudadanía, ahora cabe esperar que de esta experiencia la administración mejore los servicios que garantizan los derechos de la ciudadanía y sea, siempre, capaz de hacer frente a situaciones excepcionales como la actual desde la lealtad y mirando por el interés general.

Cosme Bonet. Senador Socialista por Mallorca

per

El perill de l’escletxa democràtica

La democràcia ha tingut enemics evidents: dictadors, cops d’estat, revolucions sagnants, etc… Però en té uns altres -com explica TzvetanTodorov al seu llibre “Els enemics íntims de la democràcia” – que no per menys evidents, a la llarga, no deixin de ser els més perillosos. Entre aquests darrers cita el messianisme, l’ultraliberalisme ( imperi de l’economia per sobre de la política, el poder dels mitjans de comunicació i el desmantellament de l’estat de Benestar), el populisme i la xenofòbia, (l’augment dels nacionalismes excloents, la por al estranger…). 

L’ultraliberalisme redueix les defenses democràtiques de les societats. Posa l’economia per sobre de la política i les persones alhora  que reforça l’individualisme, deteriorant  la fraternitat que ofereix la comunitat.

L’ultraliberalisme redueix les defenses democràtiques de les societats. Regit per  la consigna del “campi qui pugui”, posa l’economia per sobre de la política i les persones alhora  que reforça l’individualisme, deteriorant  la fraternitat que ofereix la comunitat. Predica reduir l’Estat per evitar controls i privatitzar serveis, la qual cosa du a l’aprimament de l’Estat del benestar.  Crea inseguretat econòmica: uns pocs guanyen molt i molts  guanyen poc, axioma que condueix a la precarietat laboral i l’augment de la pobresa.  Deixa els mitjans de comunicació en poques mans, circumstancia que deteriora l’objectivitat informativa. Tot plegat crea inseguretat i incertesa a la població, que arriba a malfiar-se de les institucions i del el sistema democràtic que les empara. 

Aquesta minva de defenses democràtiques obri la porta de bat abat als salvadors de pàtries i als extremistes, sobre tot quan coincideix amb una situació de crisi, creada precisament per el egoisme salvatge del sistema, com va passar el 2008 i torna passar ara per la Covid-19. Són moments d’auge dels populismes, els nacionalismes excloents i la xenofòbia. La història es repeteix i té antecedents greus si pensem el que va passar després de la crisi del 29 del segle passat: l’augment dels totalitarismes.

Quan les persones veuen que les institucions no donen certeses a les seves inseguretats és fàcil que s’aferrin als missatges populistes que simplifiquen allò que és complex i ofereixen el bàlsam de Fierabrás, que cura d’immediat tots els mals. Aquesta circumstància, però, facilita el  retorn de idees que ja creiem oblidades. 

Quan les persones veuen que les institucions no donen certeses a les seves inseguretats és fàcil que s’aferrin als missatges populistes que simplifiquen allò que és complex

Per això és greu que alguns partits conservadors tradicionals  a més de tenir un discurs excessivament liberal,  no siguin capaços de fer un cos únic per tal de controlar la situació davant aquestes amenaces. I encara ho és més que, amb la idea de tombar l’adversari a qualsevol preu, aquests partits s’ajuntin amb els que representen el populisme ultradretà i  radicalitzin tant el  discurs fins al punt que no es notin les diferències. 

Aquests comportaments creen una vertadera escletxa democràtica: als adversaris els tracten d’enemics i apliquen un “aquí tot val” que malmena institucions amb un llenguatge guerracivilista absolutament destructiu, polaritzador i que impossibilita els acords, fins i tot, en  moments  gravissims econòmica i socialment parlant . Per no parlar  de l’apropiació dels símbols de tots, que utilitzen com a llances en contra els rivals polítics. En aquest sentit i sense anar més enfora, aquí  hem vist com alguns, fora cap mania,  feien llistes dels qui eren o no constitucionalistes o hem escoltat  titllar  a l’actual govern espanyol de il·legítim. Comportaments que  no tots venen d’ara: basta recordar els obstacles per renovar tribunals de justícia , o la utilització   partidista de la lluita contra el terrorisme,  per no parlar d’aquella trista estratègia política: “Dejemos caer España, que nosotros ya la levantaremos”, que entaferrà el llavors ministre Cristóbal Montoro”.

Per al bon funcionament de la democràcia tan important és la confrontació de idees amb força i contundència com el respecte a l’adversari

Són actituds que eliminen la tolerància i contenció tan necessàries per un bon fluir de la cultura democràtica. I més mal encara: fan  desaparèixer les normes no escrites que la fan rodar llatina, regles conformades a poc a poc  pel pas del temps i que aporten seguretat i sossec.

Per al bon funcionament de la democràcia tan important és la confrontació de idees amb força i contundència com el respecte a l’adversari, amb una especial cura per mantenir ben lluentes les regles de  joc, el  sentit d’Estat i fer un cos comú que barri camí als qui ho  posen en perill.

Els perillosos, de divers pelatge, darrerament pregaven per què el fons de reconstrucció europeu fos magre, superposant els seus interessos messiànics, salvadors de pàtries o de partit, per sobre les necessitats de la  gent. Tanta sort,  per a la ciutadania i per al futur de la Unió Europea, que no ha estat així

Malgrat el bon acord europeu els conservadors espanyols, instal·lats en el “quant pitjor, millor”, s’han negat al pacte per a la reconstrucció,  demostrant molt poc sentit d’Estat. Les paraules de Montoro pareixen seguir , desgraciadament,  vigents.   Sembla que per a ells    els problemes de la ciutadania no són prioritaris, i que  l’objectiu principal és aconseguir el poder  i, si per  a això és necessari que tot se’n vagi  en  orris, no passa res.

 

Francesc Antich Oliver. Ex President de les Illes Balears

per

L’Estat Social

L’article primer de la Constitució espanyola resa, al seu apartat primer, que Espanya es constitueix en un Estat social…. Qué significa això? El sociòleg Zygmunt Bauman, a l’obra “El tiempo apremia” – Conversaciones con Citlali Rovirosa-Madrazo  – ofereix una  bona definició: “ Un Estat és social quan fomenta el principi de l’assegurança col·lectiva, aprovada de comú acord en contra dels accidents individuals i les seves conseqüències…..i per què  l’ordre del egoisme (en els termes de John Dunn) que produeix la desconfiança i la sospita, sigui reemplaçat per l’ordre de la igualtat, que inspira confiança  i solidaritat… Una pòlissa col·lectiva que converteix els membres d’una societat en ciutadans, ja que a més de beneficiaris són actors responsables de la seva creació i del bon ús dels seus beneficis”.

Un Estat és social quan fomenta el principi de l’assegurança col·lectiva, aprovada de comú acord en contra dels accidents individuals i les seves conseqüències

Ara,  com en el títol del llibre, el temps també apressa ateses les especials dificultats que afrontam.  L’assegurança col·lectiva necessita una renovació per fer front al cruel llegat de mort,  d’inseguretat  i de destrucció econòmica que ens deixarà la Covid-19, un trastorn sanitari, econòmic i polític d’una gravetat immensa.

Són moments en els que ha de prevaler el sentit d’Estat i no el partidisme d’intentar aprofitar la mortalitat del virus per desgastar l’adversari polític. Ara sobren les proclames  populistes  i el que es necessita són compromisos: un esforç de tota la classe política per impulsar la  necessària reconstrucció  d’una societat seriosament apallissada.

Ressaltar els egoismes, el foment de la desconfiança i la sospita, o fomentar  l’enfrontament social al carrer com fan algunes formacions ja sabem quins resultats du; la història és notària d’errors sagnants que no podem repetir.

Ara fan  falta consensos, saber posar-se en el lloc de l’altre, escoltar. Sovint  fa falta més valentia  per renunciar a posicions pròpies i arribar a pactes,  que per enrocar-se en posicions inamovibles. Consens per reforçar l’Estat de benestar   i l’estalonament de tot el que és públic, única salvaguarda que tenim quan venen mal dades. Cal donar futur a la pòlissa col·lectiva millorant els drets socials, entre ells  la sanitat,   l’habitatge… i apostant per l’educació, eina fonamental per la igualtat i l’avenç social.

Necessitem acords socials  per no deixar a la intempèrie a la legió de persones que veuran perillar la feina que, a més, s’afegiran als que encara pateixen l’envestida de la crisi del  2008. Acords complexos que han de combinar fer front al desastre econòmic que ens ve a sobre amb la necessitat que tenim de corregir un models de creixement, en molts casos destructius i insostenibles. És evident que, com més consens hi hagi, més eficaces seran les mesures. Es indispensable que les institucions polítiques, de la mà del sindicats i organitzacions empresarials es comprometin en un esforç comú colossal  en la lluita contra l’atur,  la desigualtat i la precarietat social que, a més de ser una obligació constitucional,   és també motor d’avenç i vacuna contra els conflictes socials.

Necessitem més societat que mai, més comunitat i reforçar la fraternitat, per guanyar confiança i seguretat per tothom i que no la tinguin només uns pocs.  Com diu Bauman, la pòlissa la fem entre tots, i per tant, cal fugir de salvadors i dels que pretenen dividir o excloure.

Necessitem més societat que mai, més comunitat i reforçar la fraternitat, per guanyar confiança i seguretat per tothom i que no la tinguin només uns pocs.

Cal reconduir la situació i tenir clar que l’economia és per les persones i no  a l’inrevés. Posem fre a les normes que fan que la riquesa es concentri en les butxaques d’uns pocs, mentre molts malviuen. Cal fer un pensament seriós sobre la dinàmica diabòlica de que, quan va bé,  els beneficis siguin privats i es redueixi la pòlissa d’assegurança que vetlla per el benestar de tothom ; però que, quan venen mal dades, es socialitzin les pèrdues sense comptar amb una pòlissa amb la cobertura suficient  per fer front a les conseqüències que patim.

Per als nous temps no serviran pegats foradats, haurem de menester cirurgia i treure lluentor als vells principis i valors – en molts casos massa oxidats – i emprendre, amb vertader sentit social, nous camins que garanteixin  la dignitat i la igualtat necessàries per què tothom pugui exercir una vertadera llibertat.

La bona aplicació de  l’article primer de la Constitució seria una eina molt efectiva.

Francesc Antich Oliver. Ex President de les Illes Balears

per

Feminisme en temps de pandèmia

Deia Simone de Beauvoir que seria suficient amb una crisi política, econòmica o religiosa perquè els drets de les dones tornassin a ser qüestionats. En moments com els actuals on estam superant una pandèmia que té enormes repercussions laborals, socials i econòmiques hem de tenir més present que mai el compromís i la perspectiva feminista per a no donar ni una passa enrere en els nostres drets com li agradaria a alguns sectors reaccionaris de la nostra societat.

Aquesta crisis està tenint una incidència molt important sobre les dones. Ocupades majoritàriament als sectors que han estat tancats:  sectors serveis, hostaleria, domèstics, amb major temporalitat i precarietat, i amb les responsabilitats de la cura familiar i domèstica, que s’ha intensificat en temps de confinament. Moltes de les nostres heroïnes, amb feines  molt infravalorades socialment i han permès que durant aquests mesos aguantàssim el cop com a societat tenen sous tan precaris que no poden ni accedir al lloguer d’un habitatge.

En moments com els actuals on estam superant una pandèmia que té enormes repercussions laborals, socials i econòmiques hem de tenir més present que mai el compromís i la perspectiva feminista per a no donar ni una passa enrere en els nostres drets

Les que han pogut teletreballar han pogut experimentar en pròpies carns com el confinament ha reforçat els rols tradicionals de gènere, superposant les tasques domèstiques i de cura dels infants a una disponibilitat laboral quasi total, obligant a treballar a altes hores de la nit quan els infants dormen o molt prest durant el matí, generant estrès i repercussions sobre la seva salut. 

Per altre banda, durant aquestes setmanes s’han incrementat els casos de violència cap a les dones, confinades a casa amb els seus agressors. Aquesta ha estat una obsessió del Govern de les Illes Balears que ha reforçat durant el confinament els serveis de protecció, declarats essencials en el decret d’estat d’alarma, l’atenció telefònica, d’assessorament , així com campanyes de conscienciació en col·laboració amb el Col·legi d’administradors de finques i amb diferents supermercats per distribuir cartelleria, o posant en marxa iniciatives com la de mascareta-19 en el cas de les dones víctimes de violència de gènere que vulguin aprofitar quan van a l’apotecaria per posar en marxa els serveis de protecció.  També s’ha tingut previsió i es varen posar hotels per les dones víctimes de violència masclista i explotació sexual que ho necessitassin.  Si les dones explotades sexualment  viuen ja de per se en un permanent estat d’excepció, amb la pandèmia s’han agreujat encara més les seves penoses condicions. Amenaçades pels proxenetes, abocades al contagi per sobreviure i donar de menjar als seus infants i moltes d’elles expulsades amb una mà darrera i altre davant. Potser siguin invisibles per a la societat, però no ho són pel Govern presidit per na Francina Armengol i per això estam orgullosos que les dones vulnerables com aquestes o moltes d’altres es puguin acollir a la Renda social garantida, perquè les permet sobreviure allunyades de l’explotació i ens permet treballar amb elles per donar-les una alternativa laboral i vital. 

Amb la passada crisis econòmica es varen trencar les costures de l’estat social. Vàrem viure una crisis de solidaritat que ens ha fet arrossegar durant més d’una dècada les seves conseqüències, amb una escletxa molt gran entre rics i pobres i amb una desigualtat insuportable com a societat on les dones sempre es duen la pitjor part.

Sectors com els de la construcció o transports on s’ocupen els homes majoritàriament no escaparan a la crisis de la covid-19 ara bé, aquests sectors es reactivaren amb major facilitat que els de serveis, per la nostra dependència del turisme i per això és imprescindible que es plantegin programes específics per a la contractació i l’impuls de les oportunitats laborals de les dones i que les incorporacions als llocs de feina de les persones amb ERTOS es facin de manera paritària, així com que s’integri la perspectiva de gènere en les inversions públiques i en les injeccions d’economia des del sector públic amb  mesures perquè els sectors més feminitzats no perdin la seva feina.

Amb aquesta crisis es demostra la importància de polítiques socials i feministes i la necessitat d’unes bones polítiques de coresponsabilitat i serveis de conciliació, perquè sinó les grans damnificades seran les dones que són les que s’acaben agafant les excedències i reduccions de jornada, amb el que suposa per la seva cotització, promoció i prestacions socials del futur. 

Són molts els reptes que tendrem per endavant amb la gestió de post crisis de la covid-19. És imprescindible integrar la la perspectiva de les dones en el que serà la crisis post-covid i en la reactivació econòmica i social.

Són temps per a la solidaritat, la justícia social i perquè els drets de les dones romanguin intactes i no donem ni una passa enrere.

Silvia Cano Juan és secretària d’igualtat i memòria democràtica del Psib-Psoe i portaveu al grup Socialista del Parlament de les Illes Balears

per

Més fraternitat

Situacions de dificultat extrema, com la pandèmia que estem patint, sovint mostren la vertadera cara de les coses.   

És llastimós que, com va passar el 2008, alguns països de la Unió Europea  mostrin una actitud tan poc conseqüent amb els valors i principis que la varen inspirar i l’articulat dels seus tractats, i més quan parlem  de crisis que són una mostra clara de la urgent necessitat de reforçar el projecte: davant virus globals no són suficients respostes nacionals. Aquestes actituds engreixen dintre de la Unió els nacionalismes populistes i  euroescèptics, ressorgits a l’ombra de la crisi del 2008, que representen no només un llastre per construir més Europa, si no una tornada enrere respecte dels drets i llibertats aconseguides.

La  Covid-19  també ressalta   el rostre de la desigualtat existent. En aquests  casos els més dèbils sempre són els més perjudicats. A nivell econòmic plou sobre banyat: moltes famílies encara  no havien aixecat el cap després de la bufetada del 2008. Serà imprescindible fer un esforç titànic per la igualtat i per combatre la pobresa  amb els instruments que facin falta, i regular des de la política la globalització econòmica – absolutament desfermada- per posar-la a disposició de les persones. Les nostres societats no aguantaran més incertesa i inseguretat. 

La pandèmia ha posat també negre sobre blanc les polítiques que desmuntaven l’estat del benestar, en aquest cas la sanitat pública i gratuïta.

La pandèmia ha posat també negre sobre blanc les polítiques que desmuntaven l’estat del benestar, en aquest cas la sanitat pública i gratuïta. La aposta per privatitzar serveis bàsics la sostenen molt sovint  el mateixos mandataris que fan befa de la lluita contra el canvi climàtic i impedeixen les mesures de caire global, imprescindibles i urgents, que garanteixin el futur de la humanitat. 

Convindria que per el dia després féssim  una bona lectura de tot plegat, no fos cosa  ens quedem amb anàlisis superficials. De fet , ja hi ha veus que prediquen que  per aconseguir més seguretat calen sistemes més autoritaris, o que aposten per centralitzar competències i per tornar aixecar fronteres. Són veus semblants a les que en relació a la crisi del  2008 ens deien que havien viscut per sobre de les nostres possibilitats i que s’havien de retallar els pressupostos de la xarxa bàsica de serveis públics, la investigació, l’equipament públic, en comptes  d’atacar més contundentment les seves vertaderes causes. 

Sense perjudici de les declaracions excepcionals com les actuals, minvar democràcia, aixecar fronteres o centralitzar no són les solucions, tampoc retallar llibertats o negar la diversitat.

Sense perjudici de les declaracions excepcionals com les actuals, minvar democràcia, aixecar fronteres o centralitzar no són les solucions, tampoc retallar llibertats o negar la diversitat.  La solució passa per el diàleg i l’acord que faciliti la cohesió de les societats, passa per la igualtat i pel reforç de l’estat del benestar, passa per més fraternitat, per més federació, per  la solidaritat, i l’entesa entre països per què la política tingui força a nivell global per afrontar pandèmies com la que patim, regular el capitalisme, per afrontar reptes com el canvi climàtic,  la immigració etc.. Com més d’acord i junts actuem, més possibilitats tenim de vèncer les adversitats. És més, hi ha adversitats que sols junts les podrem vèncer.

També a casa, on convindria que els partits entenguin que la reconstrucció necessitarà de l’esforç  de tothom i que mostrin la cara més solidària i social. Sumant esforços amb els agents econòmics i socials, i aprofitant la fortalesa i proximitat del nostre estat autonòmic i de la xarxa d’Ajuntaments. 

Aquest maleït virus  ens ha fet veure la importància vital  de la sanitat, dels servidors públics, dels empleats amb freqüència pitjor pagats –transport, supermercats, neteja, la primera línia humil i heroica de la lluita contra la pandèmia– i convindrà que a més dels merescuts aplaudiments, quan toqui, els dotem del que necessitin i, de pas, aprofitem per fer  una reestructuració en l’escala de valors i de prioritats de la nostra societat. 

La constatació de  la nostre fragilitat,  hauria de donar el coratge i confiança a la política per afrontar i compartir, sense dilació, decisions respecte dels reptes  que té la humanitat, alguns dels quals fa massa temps que ajornem.

Francesc Antich Oliver va ser president de les Illes Balears del 1999 a 2003 i de 2007 a 2011. Secretari General del PSIB-PSOE de 2000 a 2012

per

La recesión que viene

La economía cae en barrena. Los efectos económicos del coronavirus son letales, en el momento de escribir estas líneas. Las cifras agregadas son de impresión. Los datos de la zona euro, los más recientes disponibles, señalan una caída de la actividad empresarial con un PMI del 38,8. El PMI, o Purchasing Markets Index, es un indicador macroeconómico que se sintetiza sobre encuestas mes a mes a gestores de compras de las empresas más importantes de cada país, de forma que si el indicador está por encima de 50 delata una expansión económica y por debajo de 50 y, sobre todo, de 40, anticipa una recesión. Los indicadores correspondientes a nuevos pedidos de operaciones tienen idéntico perfil. Los de empleo se aguantan mejor, en relación a la Gran Recesión; pero la tendencia es a una clara caída. Goldman Sachs, por su parte, ha anunciado un desplome del PIB en 2020 del orden del 9,7%. Para España, ese dato se cifra en un –7,5% al cerrar el año, frente a una previsión pre-virus que era de crecimiento positivo algo superior al 1%. Es decir, un derrumbamiento de casi nueve puntos. Para Balears, el Consell Econòmic i Social está trabajando para evaluar, en un trabajo de urgencia y a partir de un enorme esfuerzo que se dará a conocer en breve, el impacto del coronavirus en nuestra economía. Las cifras que vamos conociendo son preocupantes. Debe cerrarse el estudio definitivamente para disponer de magnitudes solventes, que sin duda marcarán la tendencia en la que nos encontramos. Estamos, pues, ante la crisis más importante desde la Gran Depresión, de forma que está superando todo lo que ya sabíamos –y dijimos– de la Gran Recesión. Las causas no han sido, de forma directa, desajustes macroeconómicos –a pesar de que siempre hay profetas que, como en la Gran Recesión, nos están diciendo que ellos lo veían venir–, sino la irrupción de un ente biológico. Éste ha subrayado, de forma tremenda, la vulnerabilidad en la que estamos. Nos coloca ante nuestros propios límites y ante la propia ética de nuestros comportamientos económicos, ecológicos y sociales. 

Goldman Sachs ha anunciado un desplome del PIB en 2020 del orden del 9,7%. Para España, ese dato se cifra en un –7,5% al cerrar el año.

La pregunta que se nos formula a los economistas es, a partir de aquí, cómo salir del atolladero. La respuesta puede suponerse que no es sencilla. Pero sí que sabemos cuáles recetas han funcionado en otros momentos y cuáles se han revelado inocuas. No funcionaron ni funcionarán aquellas medidas que invoquen la austeridad, la rigidez presupuestaria, la contención monetaria. Los números son demoledores en este punto, y darán para otro comentario. Creo que esto lo han entendido muy bien, a pesar que no todo el mundo, en la Unión Europea. Ahora, las respuestas han sido la de abrir los grifos del crédito y de la liquidez, y el anuncio de programas gubernamentales de inyección monetaria, directa e indirecta, de gran potencia. Es lo que han hecho los ejecutivos de Alemania, Francia y España que, en su conjunto, movilizarán más de un billón de euros. Todo esto, con el apoyo del Banco Central Europeo y el Banco Europeo de Inversiones. La laxitud en la extensión de los créditos a familias y empresas será un factor importante de dinamismo. La salvaguarda de puestos de trabajo ha de constituir el objetivo central, toda vez que eso preserva la demanda de las familias, su capacidad de consumo, de reproducción, de avance. Una fuerte garantía económica. Pero las medidas anunciadas deben llegar con celeridad a la población. Las caídas actuales, que antes hemos enunciado, pueden consolidarse si la porosidad de las acciones públicas no entran en los tejidos sociales y económicos. Créditos blandos, flexibilidades monetarias, programas agresivos de inversión pública garantizada (hacia nuevas tecnologías aplicadas a todas las esferas productivas, mejora de infraestructuras, energías renovables, cuidados hacia la gente mayor y la población infantil, biotecnología, robótica), acción contundente del BCE en la compra de deudas públicas, coordinación de la Unión Europea para evitar especulaciones y, sobre todo, garantizar que el flujo monetario llegue a quien debe llegar. Así se salió de la crisis de los años treinta.

No funcionaron ni funcionarán aquellas medidas que invoquen la austeridad, la rigidez presupuestaria y la contención monetaria.

Es decir, los preceptos económicos de siempre van a servir de poco, y si se pretende volver a ellos la historia económica demostrará una vez más el error. Ante la ortodoxia más acendrada:

  • Urge mutualizar deudas, habida cuenta que éstas van a aumentar mucho si se aplican los planes descritos antes. Y esto tiene un nombre que algunos en Europa rehúyen: Eurobonos. Algunos economistas, ya con la Gran Recesión, hablábamos de esto –y nos tildaron de ilusorios–: las deudas van a ser muy difíciles de pagar, y su incremento, si no se adoptan mecanismos de mutualización, va a resultar una rémora más para los países que tienen más deuda pública sobre PIB. 
  • Resulta determinante superar las rigideces en las exigencias europeas de control de los déficits públicos, un aspecto que muchos economistas de corte liberal empiezan también a ver, cuando hace muy poco tiempo esto era un anatema, un precepto teológico intocable. La reducción de los déficits ya llegará, cuando la economía se recupere. Si aplicamos sangrías al enfermo, se nos irá de las manos; lo que necesita es lo contrario: ¡transfusiones generosas!
  • Debe preservarse al máximo el Estado del Bienestar, que se está revelando como crucial en esta fase de la crisis y, particularmente, el sistema sanitario. El coronavirus está poniendo en jaque las políticas públicas en el ámbito social y, particularmente, en el de la salud. Se impone aprender esta lección cuando todo pase, y no utilizar los recursos sanitarios como moneda de cambio presupuestaria, siendo consciente que en etapas de contracción, como durante la Gran Recesión, gobiernos distintos han actuado de forma dispar en relación a esto. Los casos de Madrid y Catalunya son ilustrativos de desmantelamientos relevantes del tejido sanitario público; en otras regiones, como en Balears entre 2007 y 2011, se actuó con constricciones presupuestarias –en un escenario de caídas galopantes de ingresos tributarios– sin llegar a fases de desguace parcial del sistema, situación que varió a partir de 2011 cuando el nuevo govern conservador pretendió cerrar dos hospitales públicos, reducir centros de salud y despidió más de 1.500 trabajadores y trabajadoras del sistema público.
  • La apertura de discusiones sobre la posibilidad de establecer una renta mínima va ganando adeptos, toda vez que se es consciente que lo que necesita la población son medidas muy inmediatas que aporten liquidez a las familias, a la espera de que cuajen definitivamente las transferencias por otros capítulos, derivadas de lo que se comentaba más arriba.
  • La prohibición de despidos, si se afirma que la crisis es temporal y no estructural. Los ERTES no deben traducirse en ERES de forma automática, induciendo a mayores productividades laborales por mayor explotación. Los ERTES deben ser garantes de que estamos en una situación transitoria, que se puede y debe corregir cuando el virus sea dominado.

Si las medidas que se han divulgado se hacen efectivas y si la gente es responsable y cumple con las directrices que están dando las autoridades sanitarias, esta crisis será puntual.

En definitiva, si las medidas que se han divulgado se hacen efectivas y si la gente es responsable y cumple con las directrices que están dando las autoridades sanitarias, esta crisis, que ahora supone una pérdida del PIB descomunal, con grave trascendencia en el mercado laboral si no se pone remedio, será puntual. En estos casos, los rebotes suelen producirse. La situación actual recuerda la vivida en 1987, cuando se generaron caídas económicas importantes –con traslación a los mercados bursátiles– que dieron paso a una fase de nuevo crecimiento. Podríamos estar en este escenario, y no en el de la Gran Recesión. Pero todo va a depender de que exista una impregnación notable de la transfusión de dinero hacia empresas y familias, mayores flexibilidades en las reglas rígidas de la economía más convencional. Y, sobre todo, que la población sea consciente que, como demuestra la historia, lo que bloquea las infecciones y los virus es el confinamiento, el distanciamiento de la población incluyendo a las personas que más queremos. Todo para que podamos abrazarlas después en un nuevo marco que, esperemos, sea consecuencia de la operatividad de las medidas económicas.

Carles Manera Erbina es presidente del Consejo Económica y Social (CES) de les Illes Balears y catedrático de Historia e Instituciones Económicas en la Universitat de les Illes Balears (UIB)

    Etiam magna arcu, ullamcorper ut pulvinar et, ornare sit amet ligula. Aliquam vitae bibendum lorem. Cras id dui lectus. Pellentesque nec felis tristique urna lacinia sollicitudin ac ac ex. Maecenas mattis faucibus condimentum. Curabitur imperdiet felis at est posuere bibendum. Sed quis nulla tellus.

    ADDRESS

    63739 street lorem ipsum City, Country

    PHONE

    +12 (0) 345 678 9

    EMAIL

    info@company.com

    Cart